*Yo, el de remera roja, en el medio una prima que ahora ya está grande, y a lado un Cura retirado amigo de la familia.
Este post surge a causa de que chateando via gtalk con un amigo, me dice “che los blogs como que van perdiendo eso, ser blogs”; le dije que a veces los bloggers (soy boludo eh) no tienen ni tiempo para actualizar, o para hacer post salidos del cajón, de esos que brillan. Me dijo “hablá de vos”, y acá está el post, hablando de cositas desde que era chiquito, a grandote. Ni tan grande tampoco, eh.
- Ey nene, eso no se hace.
Tenía como 4 años cuando tuve mi primer contacto con una rata en el baño de la despensa que tenían mis viejos allá por km5, ni me espanté, pensé que era un gatito; recuerdo que en esa época en un lugar de la sala habían muchas latas de diferentes marcas de refrescos y cervezas, de distintos colores, hasta de distintas texturas, sí, de chico ya me gustaba tener las birras en la sala.
De chico, tuve mi primer grupo de amigos, en el barrio Villa Aurelia; las primeras travesuras, ya llegando a los 8 años. La primera pelota del barrio, jugar veinticinco teniendo de arco el portón de la casa del vecino rico hincha pelota y argelado que, la primera vez que la pelota cruzó el arco-portón a las gradas-patio, nunca más la volvimos a ver, pero fué un gol de antología, de mediacancha, o algo parecido en medio del empedrado. El guardia de la casa le dijo a Fer “Ey nene, eso no se hace”, y todos bajamos la cabeza, entendimos que el regaño era para todos; nosotros, sólo jugábamos.
Más o menos a esa edad, tuve mi primer anteojos. Esto a causa de la irresponsabilidad de la profesora que no escribía nada en el pizarrón, entonces yo no tenía nada escrito en el cuaderno ni en el libro de tareas… la verdad, la historia, es al revés, la profesora si escribía en el pizarrón, también señalaba las hojas de tarea para la casa, pero como yo me sentaba casi al fondo a la derecha, en el aula de unos 23 metros de perimetro, no veía nada.
A la semana, de tener mi primer contacto cyborg con unos lentes, me dí cuenta que mi merendero era de Caballeros del Zodiaco; también, me di cuenta a esa edad que está muy mal provocar al gordito chinito de grado. Pasa que, estando en la cantina con el gordito aplastandote entre el mostrador de la cantina y la cantina, sólo queda decir algo como “me estás aplastando, llegué primero, me duele”. Bueno, violencia de una, el gordo me agarró del brazo me tiró hacia atrás y así quedé con una linda cicatriz en el mentón que mantengo hasta hoy día como recuerdo de la Escuela.
También pasaron algunos años, como a los 10, venía la primera bicicleta, los raspones en la rodilla, en mi caso, en la rodilla, los brazos y la cara. La primera vez me quise hacer del piloto de bicicleta en la bajada más bajada de todo el barrio; nunca más me subí a una bicicleta después… hasta que, los vecinitos tuvieron una gran idea: “¿Y si vamos en grupo y damos la vuelta la manzana”. Y vos sabés que decir “la manzana” era algo así como “nos vamos de vacaciones a otro continente”. Llegué a eso de las 18.00 horas a la despensa, a mi casa. Supuestamente mi hora de bici, era hasta las 17.15. Todos los nenes del barrio castigados por la asociación de mamás mata viajes sin bicicleta por una semana, algo así como “no volverán a Holanda hasta el fin de los días.”.
Uno de los mayores momentos de gloria para mis padres en cuanto a mi calificación escolar, fué en 3er grado, cuando salí con honores a fin de año… luego de que a comienzos, en los días de integración le rompiera la cabeza a mi compañerita de rulos; estábamos jugando algo así como tembleque, sobre los taburetes chiquitos, que con un desnivel se va a suelo gracias a la gravedad y cuestiones de la física, así que imáginense, al chico tímido de la clase tratando de demostrar su habilidad manual por primera vez; nervios, tembleque, chica, mesa desnivelada por la cabeza de la chica, no sabía donde meter mi cara, a los 14 minutos regresaba Leti de la enfermeria de la escuela, viva. De esto, aprendí que a fin de año siempre te pueden aplaudir, si alguien te da un papel frente a muchas personas, lo que menos entendía era por que me lo daban, después, al comparar las calificaciones entendí lo que pasaba, igual, a mi Leti, parecía la más inteligente de la clase.
Uh! hablando de escuela, antes en mis días, los alumnos debían de bailar polka si o sí en el festejo San Juan, aunque no bailaras nada, o te muevas como tronco, pero a decir verdad, es lo único que capaz me salía bien bailar, de grande no lo volví a intentar por respeto a las emociones que podría generar a mis compinches. Lo cierto, que terminando la escuela, mi tocaba bailar con la chica pipirulita, sí, esa chica, que, cuando caminaba todos la miraban, era la más inteligente, y por si fuera poco, también era mi vecina, agregále a eso que era la que más la movía en la academia de baile, famosas en mis días de escuelero. Hablando de vecinos, terminé la escuela en otra escuela, sí, estuve como en cuatro escuelas y apenas iba por el sexto grado, pero eran escuelas vecinas todas, pero yo, en barrio nuevo, con vecinos nuevos, cuando eso me tocó vivir en lo de mis tios que aún viven en lo de mi abuela, en la famosa ciudad de Trinidad.
En esos días, tocaban los primeros partiditos de grado contra grado, al que nunca elegían como titular entre los 14 contra 14 (algo así, era un número grande para llenar la cancha reglamentaria del colegio) era al pibin de anteojos que sabía de memoria matemática e historia universal gracias a Encarta. Igual, me hacía el malito a veces, hinchando por el equipo contrario. Lo mejor, de los días de educación física, era la hora de salida, ya que ibas corriendo afuera, para comprar tapaditas, y las primeras gelatinas dulzonas (Yummy) que vendía “El señor de los helados y globos” en la esquina de la escuela.
Pasar la franja de escuela a colegio era lo más que uno aspiraba cuando eso, además de tomar sidra o algun vaso de cerveza en navidad, o ser el rey de los fosforitos, o el super star con el mejor juguete de reyes magos o navidad. Ya, para ésta época, los primos se iban poniendo mayores, algunos hasta ya terminaban el colegio, otros la universidad, otros aparecian con la chica del año… y los tíos y especialmente las tías mantienen el mismo feeling que mantienen hasta hoy: sacarte a bailar como sea en medio de la pista con el pedo encima.
También tocaba crecer y explorar, entre tanta explosión hormonal la vida no avisaba que los viejos se peleaban, que no todo era amor y paz en navidad, y cenar todos juntos en año nuevo… yo, sólo quería jugar, pero habían muchos “ey nene, eso no se hace”.
- Colegio, es igual a tetas.
Los chicos del barrio iban creciendo, algunos hasta ya daban su primer beso, mientras, yo seguía detrás de los libros que hablaban sobre “La Adolescencia: conociendome a mi mismo”, “Educación sexual para adolescentes”. En fin, lo único que siempre quedaba en claro era que a los chicos les iba a salir pelos por todos lados y que el amiguito le iba a crecer en cuanto menos se esperaba; en cuanto a las chicas, que se le formaba la cadera, no tenian tanto pelo, y que le crecian las bubys. Ya está, vos, querido adolescente que lees ésto, te resumí educación sexual, copy paste ya nomás.
Hablando de educación sexual, una vez fué al colegio, una profesora de Salud, que nos mostró como usar el preservativo con un pepino, ya saben, lo que volaba la mente en esa clase no se puede describir acá, y más cuando iban acompañado de un video-documental-informativo sobre educación sexual donde se oían gemidos, era lo más cercano a canal venus que se podía experimentar en 9º grado, aquellos días, claro, hoy, internet tiene todo, menos mi profesora con el pepino y el preservativo (si lo hacía en ésta época, de seguro colgaba eso en algún rincón de la red, pero, ey! nene eso no se hace).
Entre la escuela y el colegio, ya sabía que me gustaban las chicas, en la escuela la chica de rulos, luego fué la bailarina de danza (que también la rompía con samba), en el colegio, allá por el primer curso, a decir verdad, como al segundo mes de comenzar el primer curso, me llega una carta de una chica de tercer curso, no podía creer lo que decía “sos alto y me gusta eso, me dijo “x” que te llamas Osmar, respondeme en una cartita si te gusto y nos vemos para decirte algo”, claro que le respondí, la foto adjunta en la carta era de una chica como de 16 años, de caderitas y con labios de Madonna… “nos vemos en la biblioteca, después del segundo receso”, respondía este deserebrado con granos en la cara. Al llegar a la hora indicada, la chica sentada de espalda, me dice “apuráte sentáte acá”, “Querés darme un beso?”, me preguntó, y no supe que contestar, en eso, suena mi reloj (si, en mi época se usaba reloj), y la bibliotecaria me pedía que por favor me retire de la biblioteca, así fué como perdí la oportunidad de dar mi primer beso… pero me enviaron mi primera cartita desubicada!
En esa época también entendía que lo mío no iba ser ir a terminar la confirmación, ya que lo único que me gustaba de ir a la iglesia, eran los campamentos donde los malitos llevaban sangría en las mochilas, y donde las formas de mis compañeritas de confirmación estaban a pedir de ojos. Claro, en los campamentos nadie se mezclaba, era nenes con nenes y nenas con nenas. Pero hay historia con el vino eh; una vez, en plena “Pascua Joven”, nos escapamos y fuimos a una plaza a tomar vino entre los “rebeldes sin causa que escuchan rock”, uno de los vecinos fué brillante al llamar a la policia, como menores de 18 años no quedaba otra, la interrogación y la primera gran adrenalina:
- “¿Qué hacen en esta plaza a estas horas?” -eran como las 11.40 de la noche-
- “emmm vinimos un ratito, estábamos en la pascua de la iglesia de Trinidad” -con voz de adolescente gallito con vino en cartón encima-
- “Súbanse a la camioneta, vamos a la comisaria” -uno de nosotros, se hechó a correr, igual, cuatro terminamos en cana-
- “quédense quietitos ahí, vamos a llamar a sus familiares para que vengan a buscarles”
- “Nuestros familiares están en la pascua joven” -señalando el tinglado de la iglesia de trinidad-
- “Bueno, vayan, y no les queremos volver a ver a estas horas por la plaza tomando vino” -salimos corriendo como liberen a Willy, rezamos más de mil avesmarias de agradecimiento al milagro de “no se enteraron los viejos, viva la pascua”-
…continuando con el tema hormonal, en esos días cada vez que se hacía un cumpleaños, o un quinceaños, era la fiesta del mes, pero la fiesta con l de la fiesta del mes. Todos con la oportunidad de demostrar su adolescencia, los hombres, bien vestidos, perfumados, con reloj, invitando a bailar a las chicas, o si era un grupo copado se bailaba grupal luego todo terminaba en pareja y algunos sin pareja… adivinen quien solía quedarse siempre sin pareja, bueno, aparte mi también las ñoñas inteligentes del curso, o la vecinita pipikuku, o el futbolero que llevaba pelota hasta a los quinceaños. En cuanto a las chicas, aún no sé de donde sacaban tanto maquillaje, o esos vestidos galácticos que brillaban como estelas de sol a las 5am entrando por tu ventana.
En la adolescencia también te das cuenta que, el picho siempre es el que tiene un auto, y si este sabe jugar fútbol y contar dos tres chistes es el mejor… bueno, me di cuenta de eso, luego de querer hacer mi primer tanteo regular en segundo curso, todo iba bien con la chica hasta que apareció el rompecorazones del año con el auto del hermano en la fiesta de curso de “y” persona. Igual, en esa época entendí que ir a la casa de la chica no era muy buena idea, menos con la mamá que quería caerte bien y te invitaba todo lo que había en la heladera, o del papá que no sabía como mirarte para no decirte “le tocas algo y te meto en el caño de escape del auto oxidado que está en el garage”. Ah, me vengué en la feria de ciencias del tipito con el auto, el volcán a base de sodio y agua no falla nunca.
¿Ya hablé de la primera profesora cañón? Bueno, era la de estadística en quinto curso, no puedo entrar en descripciones por que, eso no se hace. ¿Y del primer baile de música moderna en público? A ver, antes, en mi época la salida cool era sobre Brasilia, Muelle y Jabibi eran los locales in, pero para entrar tenías que ser mayor de 18 años. Pero para eso estaba esta persona con su primera computadora, primer scanner, y primera impresora; nos hicimos documentos del centro de estudiantes de una universidad (también de Trinidad), muchos compañeros agradecidos, todos chochos sobre brasilia hasta que una vez…
Un “l” terminaba intoxicado de tanto chuparse birra/energizantes/sangria sobre el barquito de Muelle y cae al suelo. Emergencias médicas, documentos reales que jugaban en contra de la semidesnuda barbilla de los atónitos que no sabíamos como contarle al viejo de mi amigo que su hijo se cayó del primer piso y estaba en Emergencias Médicas sin decir nada por veinte minutos, por suerte, en algún momento despertó, super lúcido, y bueno, siempre está el hermano mayor del compañero que tiene el mejor hermano mayor y viene en auto a sacarte de este tipo de apuros. “L” sigue vivo, pero ya me contaron que no sólo cae de primeros pisos, ahora cae de terceros y todo. Pero, ey, eso no se hace.
Demostrar mis aptitudes físicas, nunca fué un lujo en fútbol (además del día que dejé la defensa); un fin de semana un amigo me dice “che necesitamos segunda línea en Asunción Rugby Club”, le hice caso, y por un año estuve en la m-18 del club, nunca antes me sentí bien jugando un deporte (igual todo era excusa para ver a las chicas del hockey y ver si hacian caso cuando invitabas o tirabas amague para ir a brasilia o a la casa de algun compañero a farrear), pero hoy día ni en pedo te hago seis vueltas a una cancha reglamentaria -de calentamiento eh-. “Jugar” de la palabra “el mejor”, está claro, no lo era, pero en los saques de costado nadie me ganaba (sí, era, al que apuntalaban en los line, es cuando se salta para agarrar la pelota, como un saque lateral), para mi era como jugar Vólley, creo que de siete equipos quedamos cuartos aquel año, nada mal, para mi primer año; ya que empezando el segundo, un gordo de mil kilos cae sobre mi pierna derecha (si, dice cae, no tacklea), dos meses no pude correr, y me alejé del rugby, y nunca más vi a las minas del hockey, sic. Ah! no olvido los lujos que me mande, entre ellos, ponerme nervioso, insultar a un primera linea de cristo rey que casi me dejó sin pecho de la patada que ligue, ni que decir la vez del primer tackle al equipo contrario…
Era mi primer partido, tenía solo dos prácticas encima, apenas aprendía cual era la ubicación de un equipo de rugby en el campo -Alfred Merino nos entranaba-, y estuve sólo en una práctica de cuerpo a cuerpo, pero no voy a olvidar el primer tackle, sonaba el pito, arrancaba el partido, perdiamos la pelota, los líneas de Santa Clara movían rápido y apuntalaban con sus forwards, yo sólo miraba al ala (tercer línea), ya que me encargaron ese trabajo, en la primera oportunidad, luego de un scrum, justo cuando iba a dar la patada se me cruzo por la cabeza tacklear, me chupé patada, pero también fué mi primer tackle, recuperamos la pelota y avanzamos como 35 metros luego de una patada, ahí dije que jugar rugby era algo que quería hacer siempre (además de los tercer tiempo que venían siempre), pero ya les conté por qué no seguí, sic. En esa temporada hice un try, fué algo así como el mejor día de mi vida en medio de una película yankie de fútbol americano o baloncesto.
Dónde sí me fué re mal, primero, en el grupo de lectores, que era algo así como una sociedad secreta de estudiantes que leían muchos libros y escribían; yo, en mi puta vida había leído Don Quijote (ni en el colegio cuando pidieron, avísenle a la profe que copié), menos, había escrito alguna clase de poema… sí, me gustaba escribir frases aleatorias (como ésta porongada que estás leyendo y tenés aguantes, gracias), o microcuentos de 60 líneas (para mi era una eternidad sesenta líneas, éstos pibes se hacían con un cuadernito avon en menos de un mes, uno de ellos hoy sigue escribiendo, los demás se quedaron entre lineas)… la cosa es que nunca me aceptaron en la sociedad secreta ésta, así que salí por las buenas.
Después, me metí a una especie de coro del centro de estudiantes, claro, yo, sabiendo algo de batería, pero ellos necesitaban un contra-alto, luego de tres semanas salí corriendo; pero mi primera experiencia con la música (además de muchas chicas cantando a mi alrededor) fué buena, conocí la película The Wall de Pink Floyd, ya que una de las integrantes del coro, era cómo medio bohemia y su familia “onda free”, sí, quise algo con la chica de ojos celestes, pero no, no surgió nada más que sólo ver aquella película aquella noche (sí, estaban todos los del coro también, ¿o al tercer curso ya veías película con tu amiguita a solas en su casa?.
Dejé eso, pasaba al skate, de skater tenía lo que Tony Hawk tiene de fútbol, o sea nada. Me hice razpones a patadas y skate, pero lo bueno de ésta época el hardcore punk californiano sonando, o el visitar barrios lejanos, o no ir al colegio para salir a andar en alguna plaza hasta que se venían las chicas con sus skates… y no, no levantaba nada yo, no hablámos de eso acá, sino que había tetas por todos lados, y ni que decir, las mamás de algunas amigas, pero, ey, de eso no se habla, menos de la vez que chusmeamos el armario de ropa íntima de una de las hermanas mayores de los muchachos, era como el paraíso, hasta que se fué la luz, y el miedo a que nos pillen en pieza ajena hizo que, medidas extremas tomen control de la situación: salir con “x” persona por la ventana del primer piso, lo del salto al pasto casi rompe tobillos lo dejámos para otro día. (Pero boludo, fué la primera vez que veía tanta ropa intima con bolados, texturas, animal print, carnaval style, coneja style, eso en serio era como sex and the city).
Creo que fué en ésta época, casi terminando el colegio, dónde expiamos a una chica vecina del barrio desde la terraza de unos amigos. Fué de película, ella en la piscina, ella tomando sol, ella cambiándose el bikini, ella bronceándose, ella en la piscina de vuelta… ella y llegó el novio, hijo de puta, nos cagó la película, al menos a mí, no quería ver como el hacía de las suyas, dejé el binocular a disposición de quien quería, claro, estábamos casi muchos, como seis pendejos en la terraza turnándose dos binoculares, y un tubo, que hasta ahora no sé si funcionó, pero según “y” eso iba a funcionar de aumento.
Terminar el colegio, las minivacaciones, fiestas de navidad, el tiempo libre hasta la universidad… era para algunos, yo, arrancaba en marzo en la UAA, donde me di cuenta que Ingenieria en Informática es buenísima carrera hasta el prime año, en el segundo cuando me intentaron enseñar acces, o cómo hacer una página desde html con tablas y rendir eso en una hoja a papel y boligrafo, me pareció estúpido, dejé de ir, decepcionado pasó un año, pero no desapercibido, fué la primera vez que me encontraba con una chica que, perdía la apuesta jugando La Oca (entre cuatro personas), la prenda era mostrar lo de arriba en una pieza a oscuras al ganador, bueno, gané yo, mi primer encuentro con las nenas de arriba fué alusinante, no sabía que eran tan suaves, bueno, en 10 segundos de tiempo de prenda no se puede hacer mucho, y no, yo seguía virgen bolú; mientras otros ya iban contando que perdían la virginidad, que ya tenían novia, y cosas así de la vida normal. En ese tiempo, pasé de vivir en Trinidad, a Lambaré, de Lambaré a Luque.
¿Ya mencioné que desde terminar el octavo grado hasta más o menos el primer año de universidad el amigo se te para sin censura y motivos en cualquier colectivo, en cualquier lugar? Imaginate, viaje en bondi, se te para. Sentado en la plaza, se te para. Comiendo en la cantina, se te para. Viendo la novela con la prima, se te para. Te reís, se te para. Pensás en sexo, se te para. No pensás en tetas, se te para igual. Sí, es una realidad universal, y Murphy un desubicado.
- Universidad, es igual a trabajo para salir de farras, y volver a mirar tetas.
Pasaron los años, yo seguía sin ponerla, pero ya con mi primer trabajo en una agencia de publicidad, aprendiendo de todo, disfrutando de todos. Una frase marcó mi pasada por éste primer trabajo “si lo que mirás en el monitor, no te agrada, no sirve, diseñá de vuelta, te tiene que gustar a vos primero”, fué una declaración tan profunda de amor a la comunicación por parte del primer jefe que tuve, que más que jefe se volvió en un mentor que dije “voy a seguir diseño gráfico”, año y medio después iniciaba la carrera… sí, en la carrera de diseño (también en marketing, publicidad) te encontrás con las minas (alumnas, profesoras) más lindas, con temas de conversación más allá de barbie, y puedo seguir eh.
(Continuará)



















































@luparq: “bananas sin pijamas” jajaja!
pero no tenes vergueeeeenza de contar estas cosas chicooo! desubicado! jajaaj que bueno está… me recuerda a algo como “el diario de un banana” jaja
@gabriux: jaja hay que armar alguna especie de seven entre los perros
Yo también juego rugby, capaz coincidimos antes de internet y esas cosas (?) bueno, seguro que no me viste porque yo era el que corría
jajajaja